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El número de ciudadanos alemanes que opta por guardar sus ahorros en su propio hogar es cada vez más abultado, a juzgar por las cifras de ventas que en los últimos meses han publicado los fabricantes alemanes de cajas fuertes. Esta tendencia se ha acrecentado, según publica The Wall Street Journal, desde que varias entidades financieras germanas comenzaron a plantearse la posibilidad de aplicar tipos negativos a las cuentas de sus clientes.


A pesar de que los bancos alemanes han superado los últimos test de estrés disipando las dudas al respecto de su solvencia y de la liquidez que siguen ofreciendo a sus clientes, el temor a que a corto-medio plazo engorden los costes de mantenimiento de cuenta ha provocado la liquidación de muchas de estas. Especialmente, según señala el rotativo neoyorquino, entre jubilados y pensionistas alemanes.

La alerta de Merkel espolea la tendencia


Dos factores más llevan a los pensionistas alemanes a hacerse con una caja fuerte. De una parte, el llamamiento del Gobierno del país a hacer acopio de víveres para afrontar un posible toque de queda en caso de alerta terrorista, lo que muchos han traducido también como acumular dinero en efectivo para poder afrontar pequeñas compras cotidianas por un espacio prolongado de tiempo. 

Por otra parte, el hecho de que sean los propios bancos los que en algunos casos se estén planteando firmemente el acumular sus reservas de capital en grandes búnkeres acorazados para esquivar los peajes del BCE que ya comienzan a cargar a sus clientes. Una política que desde hace años viene desplegando la aseguradora Munich Re para almacenar a buen recaudo decenas de millones de euros en una estrategia que le supone un coste que en sus periódicos informes financieros define como “manejable”.


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