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Llevamos varios meses conociendo con cuentagotas que grandes aerolíneas norteamericanas han estado sufriendo graves problemas técnicos, incluso obligando a suspender cientos de vuelos. Casualmente, el avión espía U-2 ha estado presente en los cielos cada vez que los fallos se han reportado, llegando a cortar la comunicación entre aviones y torres de control en pleno vuelo. Si el avión pierde el contacto y la torre de control no localiza los vuelos, sería un momento perfecto para secuestrar un avión. 




A mediados del pasado mes de julio, la compañía Southwest Airlines retrasó sus vuelos durante varias horas, alegando que un fallo técnico en su sede central de Chicago había inhabilitado sus sistemas.

El pasado jueves, la Administración de Aviación Federal de Estados Unidos suspendió brevemente los vuelos internacionales de Miami y los aeropuertos cercanos, tras un corte de energía en la terminal de control donde se encuentra el radar de aproximación central.



Debido a este corte, todas las comunicaciones se anularon, perdiendo el contacto entre los pilotos y torres de control durante el tiempo que duró el supuesto corte energético.

Pero la lista de este tipo de problemas técnicos no ha parado de crecer durante estos meses, afectando prácticamente a todas las compañías aéreas que operan en Estados Unidos.


Misteriosamente, unos hechos tan graves no han llamado la atencion de los principales medios de comunicación estadounidenses, pero basta con buscar en Google para encontrar muchos más casos parecidos. 

La semana pasada, uno de los principales centros de control del tráfico aéreo estadounidenses malinterpretó el plan de vuelo de un avión espía U-2, dejando en tierra a cientos de aviones en aeropuertos de todo el suroeste del país.




La FAA suspendió los vuelos en el espacio aéreo de Los Ángeles durante 90 minutos a causa de "problemas técnicos" en su centro de control de tráfico aéreo, situado en Palmdale.

Al parecer, los sistemas que manejan el avión espía interfieren gravemente con los programas informáticos de las compañías aéreas, causando interferencias importantes y bloqueos en los sistemas. 



Teniendo en cuenta estos hechos, algo raro está pasando en los cielos norteamericanos.

Recordemos que hace más de un año, el diario Washington Examiner publicó un artículo donde alertaba que "los próximos ataques terroristas podrían ir dirigidos a las redes informáticas, presas, centros de control de tráfico aéreo y otras áreas de infraestructura vital"...


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