Menu
 

En 1988, Jan Bostik nunca había oído sobre Dios o de algo "espiritual". Natural de la actual República Checa, sufrió un accidente que le cambió la vida para siempre.



Jan era por aquel entonces un estudiante de ingeniería de 17 años. Un día, decidió ir con un compañero a un río cercano para disfrutar de un baño. Junto al río existe una roca de 3 metros de altura donde la gente salta a modo de trampolín.

La noche anterior había llovido. Las rocas aún estaban mojadas. Su compañero fue el primero en saltar. Pero Jan no tuvo la misma suerte. Antes de saltar, se resbaló y cayó al río en mala posición. Se rompió dos vértebras muy cercanas a su cuello.

Incapaz de mover sus brazos y piernas para nadar, veía sin poder hacer nada como se iba hundiendo sin poder hacer nada al respecto. Su compañero estaba demasiado lejos para llegar a tiempo.

De repente, perdió la consciencia. 

"Miré hacia atrás y vi que mi cuerpo se encontraba en el fondo del río. Salí de mi cuerpo, y veía a éste en el fondo del río".

"Después pasé por un lugar oscuro y estrecho, para penetrar a continuación en una luz entre violeta y amarilla. De repente sentía felicidad, euforia y alegría. Tuve la sensación de haber estado antes ahí. Era mi hogar".

A continuación apareció un ser "que irradiaba luz y amor". Éste le pidió que reflexionara sobre su vida, y después le dijo "que no era su momento" y lo mandó de vuelta a su cuerpo.

Habiendo crecido en una sociedad atea, Bostik siente que su experiencia no pudo haber sido imaginada. Esos pensamientos no existían en su mente. Tras la experiencia, que califica como "profundamente real y verdadera", cree en la vida después de la muerte.

Reacciones:

Publicar un comentario

 
Top