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Ocurrió el pasado 6 de febrero, y es sólo ahora que la NASA ha reunido los suficientes datos como para publicar las conclusiones a las que ha llegado.



El meteorito sólo tenía una longitud de entre cinco y siete metros, pero atravesó la atmósfera a una velocidad de 15,5 kilómetros por segundo; demasiado para su estructura, que acabó desintegrándose en una (presumiblemente) espectacular explosión a unos 31 kilómetros de altura.



La explosión produjo un cantidad de energía equivalente a 12.000 toneladas de TNT, o lo que es lo mismo, mayor que la bomba que EEUU soltó sobre Hiroshima al final de la Segunda Guerra Mundial. Es sorprendente la capacidad destructiva de un meteorito tan pequeño.

Aquí ocurrió la explosión del meteorito:


Sin embargo, semejante demostración de poder no tuvo testigos. Y es que la explosión se produjo sobre el Océano Atlántico Sur, a unos 1.850 kilómetros de Rio de Janeiro, por lo que prácticamente nadie se dio cuenta de lo que había ocurrido, y nadie pudo obtener una fotografía de la bola de fuego que habría provocado la explosión.

De hecho, la NASA no fue la primera en enterarse de la explosión, sino el ejército estadounidense, que está vigilando constantemente la atmósfera en busca de posibles lanzamientos de misiles nucleares y de posibles explosiones en la atmósfera en todo el mundo.

Pero una vez que el ejército corroboró los datos y llegó a la conclusión de que la explosión no había sido producida por el ser humano, contactaron con la NASA para que continuasen la investigación, aunque realmente ya no se puede hacer mucho más.


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