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Solo en tiempos modernos podríamos incluso necesitar la palabra “sincronicidad”.



El Psiquiatra Carl Jung (1875 – 1961) identificó el concepto de sincronicidad y le dio ese nombre, pero ella fue una parte tan natural de la vida a lo largo de la historia humana que ni siquiera necesitó que se la nombrara. El filósofo y psicólogo del Instituto Californiano de Estudios Integrales, el Dr. Richard Tarnas, analiza por qué este concepto entró a la consciencia occidental en su momento y el por qué es tan importante para la mentalidad moderna.


“Gradualmente dejé de creer casi en todo. Pero sí creo en la sincronicidad”, dijo una vez a Tarnas el Dr. Jeffrey Kirpal, catedrático de estudios religiosos de la Universidad de Rice. Tarnas ve la sincronicidad como una manera de reconectarnos con el mundo que nos rodea, para encontrar sentido a la vida posmoderna.

Richard Tarnas (Goethean/Wikipedia/CC BY-SA)

Definió la sincronicidad durante una conversación grabada en Sincronicidad: Simposio sobre la Materia y la Psique, el año pasado: “La sincronicidad describe el fenómeno de las coincidencias observables, en las cuales dos o más eventos independientes, que sin guardar una interconexión lineal evidente, parecen formar un patrón con significado”.

En el mundo primigenio, dijo Tarnas, las personas se veían a sí mismas y al mundo que las rodeaba con un sentido de interrelación. Lo ilustró con la imagen de un círculo dentro de otro círculo. El circulo interior representa el yo, o el ego; el circulo exterior es el mundo; y la barrera que existe entre ambos es permeable. Sin embargo, en la visión del mundo moderno, el ego está separado del mundo exterior por una línea sólida.

En el pasado, si una persona pensaba en alguien que no veía o incluso recordaba hacía muchos años, y luego esa persona se aparecía inesperadamente, a menudo se asumía que el evento y los pensamientos estaban conectados. En la actualidad, si eso pasa, es a menudo interpretado como una “simple coincidencia”. Generalmente no es parte del pensamiento moderno asumir que la mente de una persona esta conectada al mundo exterior, de tal manera que le sea posible intuir sobre la llegada de un amigo ausente hace mucho tiempo.

Prevalece una visión cartesiana del mundo (nombre dado por el filósofo del siglo XVII, René Descartes, reconocido por su frase “pienso, luego existo) en la cual el yo está aislado del mundo exterior, dijo Tarnas. El yo contiene significados, pero el mundo de alrededor está vacío de ellos; es objetivo.


En otras palabras, en el pasado, la sincronicidad se daba por sentada. El mundo interior y exterior de las personas era fluido y no era sorpresa que algo del mundo de afuera estuviera conectado con los pensamientos propios. También se daba por hecho que Dios o la Providencia  u otras fuerzas más allá del mundo humano, regían los eventos fortuitos. Hoy en día, sin embargo, las sincronicidades son a menudo ignoradas como “simples” casualidades.

La semilla del reduccionismo plantada durante le revolución científica del siglo XVI creció para convertirse en el siglo XIX en algo “de hecho muy robusto”, dijo Tarnas. Jung trajo la sincronicidad al desencantado mundo occidental en un momento crítico.

“La sincronicidad revela las significativas conexiones entro el mundo subjetivo y objetivo”, escribió Jung. El psiquiatra también es citado por el Comité Beyer en el libro: “Todo es personal”: “Para aquellos capaces de ver, la sincronicidad es una realidad presente en todo momento”.

Tarnas cuenta una sincronicidad de su vida, una de tantas que ha tenido. Su buen amigo, ex presidente de la Asociación Astrológica Británica, Charles Harvey, falleció en Gran Bretaña. Algunos de sus familiares en Estados Unidos se reunieron en su memoria en Presidio, una zona de parque cercana al Puente Golden Gate en el Área de la Bahía de San Francisco. Tenían pensado juntarse en un sitio particular, pero lo encontraron lleno de gente.

Tarnas recordó una pequeña capilla cercana y sugirió ir allí. Fue el lugar perfecto.

La cuñada de Harvey se puso en pie para decir algunas palabras, pero de repente sus ojos se abrieron de asombro y dejó de hablar. Tarnas y otros presentes siguieron su mirada y vieron que en la capilla colgaba una placa dorada que decía: “En honor del Teniente General Charles Harvey (1845 – 1910)”.


El pequeño funeral encontró inesperadamente su destino en un lugar donde el nombre del fallecido estaba presente.

Victor Masfield, físico de la Universidad de Cornell, que escribió el libro “Sincronicidad, Ciencia, y Confección del Alma”, dijo que la sincronicidad plantea grandes problemas psicológicos y filosóficos para el mundo moderno, señaló Tarnas. Mansfield presenció demasiadas sincronicidades en su vida y en la de otros para descartarlas como “meras coincidencias”.

Mansfield dijo: “Para mí, como físico entrenado en la cultura del materialismo científico, son experiencias sumamente perturbadoras”.

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