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A principios de este año, un equipo de astrónomos descubrió en la constelación de Virgo lo que parecía ser un par de agujeros negros supermasivos que se aproximaban entre ellos a una colisión tan poderosa que enviaría un notable estallido de ondas gravitacionales a través de la tela del espacio-tiempo.


Simulación numérica de dos agujeros negros fusionándose. Crédito: Instituto Albert Einstein, Alemania.

Ahora, en un estudio de la Universidad de Columbia, publicado en Nature, han añadido a esta información que la pareja de agujeros negros orbita tan cerca entre sí —a sólo una semana-luz— que son los causantes de los destellos rítmicos de luz procedentes del cuásar PG 1302-102.

Sobre la base de los cálculos de la masa de este dúo —juntos, y en relación con los demás— los investigadores han predicho una explosión en unos 100.000 años desde ahora, un periodo increíblemente largo para los humanos, pero un abrir y cerrar de ojos para una estrella o un agujero negro.

«Es el conjunto de agujeros negros más cercano que hemos llegado a observar nunca, en su camino a una colisión masiva», ha explicado el autor principal del estudio, Zoltan Haiman. Según ha señalado, la intención es seguir explorando este suceso hasta que «llegue a su culminación» ya que sus datos pueden informar sobre «si los agujeros negros y las galaxias crecen a la misma velocidad» o, incluso, probar una propiedad fundamental del espacio-tiempo: su capacidad para transmitir las vibraciones llamadas ondas gravitacionales, producidas en el pasado más violento, en la etapa de la fusión.


Observar agujeros negros binarios directamente es un gran desafío, pero los científicos son capaces de detectarlos a través de los cuásares —«balizas» que emiten los agujeros negros a medida que consumen gas y polvo cósmico—. Un cuásar se enciende aleatoriamente, pero cuando dos agujeros negros están a punto de colisionar, la teoría sugiere que sus cuásares comienzar a titilar en intervalos regulares.

Un aumento en el número de descubrimientos de agujeros negros binarios ha hecho que los astrónomos esperen que una colisión pueda ser detectada en la próxima década. Este verano, el equipo informó de otros 90 candidatos, mientras esperan dar a conocer pronto nuevos descubrimientos a partir de datos recogidos en el Observatorio Palomar en California.

Con más agujeros negros para observar cada vez, la oportunidad de ser testigos de un choque crece, según han indicado los expertos. «La detección de ondas gravitacionales nos permitirá sondear los secretos de la gravedad y probar la teoría de Einstein en el ambiente más extremo del Universo, el de los agujeros negros. Llegar allí es un santo grial de nuestro campo», ha concluido el investigador.
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