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Las Bolsas han cerrado la última sesión de esta semana con fuertes caídas que se añaden a las de los últimos días. Las dudas se han multiplicado con las primeras referencias de Wall Street y el Ibex 35 ha cerrado la jornada con un retroceso del 2,98%. El resto de índices europeos han seguido la misma tónica que Madrid y han caído con fuerza. El castigo más severo ha sido para París (-3,19%), seguido por Fráncfort (-2,95%) y Londres (-2,83%). Al otro lado del Atlántico, el S&P 500 caía un 1,87% a las 17.45, el Dow Jones se dejaba algo más de un 1,75% y el Nasdaq, el que refleja la evolución de las principales empresas tecnológicas, se dejaba un 2,4%.




La incertidumbre que se abre de nuevo en Grecia por la convocatoria electoral se suma al temor a un frenazo en el ritmo de crecimiento mundial. La devaluación del yuan chino y la fuerte depreciación de las divisas de otros países emergentes, acompañada por una fuerte caída del precio de las materias primas, apuntan en esa dirección.

La convocatoria electoral griega ha afectado también a la prima de riesgo de la deuda pública española, esto es, la rentabilidad adicional que exigen los inversores al bono español a 10 años frente al alemán, considerado un activo libre de riesgo. Ese diferencial se situaba a media tarde al borde de los 142 puntos (1,42 puntos porcentuales), su nivel más alto en más de un mes.

Hoy, además, se han publicado datos que apuntan a un fuerte frenazo en la actividad industrial en China, lo que corroboraría la idea de que la devaluación del yuan es un medida defensiva para tratar de reanimar una economía que pierde fuelle. China ha sido el gran motor del crecimiento mundial en los últimos años y su frenazo afectaría muy especialmente a los países exportadores de materias primas, particularmente los emergentes.

Por su parte, el frenazo de China y de los emergentes y la caída de sus divisas supone presiones deflacionarias para Europa y Estados Unidos. Eso puede retrasar cualquier giro en la política monetaria. En particular, inversores y analistas empiezan a dudar de que la Reserva federal de Estados Unidos vaya a subir los tipos de interés en su reunión de septiembre, como se daba por seguro antes de los acontecimientos de estas últimas semanas.

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