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En este artículo escrito por Becky Ferreira, se puede apreciar más allá de lo que nos han enseñado en los libros, un análisis profundo de la personalidad del científico y su conciencia de los errores y la búsqueda de respuestas.




Hace exactamente 155 años Charles Darwin publicó su obra maestra, ” ​El origen de las especies”, desencadenando una vibrante tormenta intelectual que aun ruge sobre el mundo.

La Universidad de Cambridge hace un tiempo atrás liberó  más de 12.000 imágenes en alta resolución de las investigaciones de Darwin, ​parte del Proyecto Manuscrito de Darwin.

Dentro de la colección hay algunas de las primeras reflexiones de este influyente pensador, algunas de las cuales fueron escritas durante su revelador viaje en el HMS Beagle, un barco que le dio acceso a montañas de evidencia, lo que le permitió tener las pruebas para su teoría de la evolución.

Pese a ser un genio, Darwin era una persona muy humilde y estaba en sintonía con su propia capacidad de equivocarse intelectualmente, incluso más que sus peores detractores. El nuevo archivo provee abundantes pruebas de esta modestia. Muchos pasajes están tachados y reescritos con nueva información.



Extracto del Proyecto Manuscrito de Darwin. Imagen:  Biblioteca de la Universidad de Cambridge.

Darwin fue prospero al desechar antiguas ideas y apostar por las nuevas, dejando mucho espacio para que otras generaciones pudieran expandirlas basados en la evidencia que él acumuló.  ​Como escribió a A. Stephen Wilson en 1879, “matar un error es un buen servicio, a veces incluso mejor que establecer una nueva verdad o hecho”.

Esta revisión metodológica explica por qué El Origen de las Especies sigue siendo tan asombrosamente importante a 155 años de su publicación. Pero incluso Darwin tuvo errores y sus pasos en falso (que son pocos) nos proveen de una interesante visión de su cerebro.  ​Ya lo hicimos con Nikola Tesla durante su cumpleaños, entonces es justo que Darwin reciba una dosis de tinta roja en el “​Día de la Evolución“.

Partamos con la teoría de Darwin sobre la pangénesis, idea que le hizo ganar un lugar en  ​el libro de Mario Livio “Torpezas brillantes”, publicado en mayo. La complejidad de la herencia genética era desconocida en los días de Darwin, lo que llevó a un gran número de teorías conflictivas sobre cómo los rasgos hereditarios eran traspasados de generación en generación.

Darwin especuló que las “gémulas”, o  ​moléculas biológicas de la herencia, eran expedidas por los órganos del cuerpo y se acumulaban en los sistemas reproductivos femenino y masculino y luego se combinaban para crear un nuevo individuo. Darwin expandió esta idea en su libro de 1868 “​La variación de animales y plantas domesticados“, argumentando que estas gémulas estaban moldeadas activamente por el medioambiente de un organismo, lo que a su vez influía en la descendencia.



Primera edición de La variación de animales y plantas domesticados. Imagen: PD/Charles Darwin.

La pangénesis iba contra ​​la desacreditada teoría de Jean-Baptiste Lamarck​. Esta decía que los rasgos adquiridos durante la vida de un organismo pueden ser pasado de generación en generación (una rata a la que le cortaron la cola, por ejemplo, ​produciría descendencia sin cola o con colas más cortas).

Era un error comprensible, considerando las limitaciones de ese tiempo, y de hecho algunos científicos podrían argumentar que  ​la falsedad de la teoría debía ser probada. Es cierto que al ser comparado con otras “torpezas brillantes” que Lopez escribió en su libro – como la estimación muy imprecisa de cuantos años de antigüedad tenía la Tierra, hecha por Lord Kelvin- el error de Darwin para comprender cómo funciona la descendencia parece muy modesto.

La actitud de Darwin frente a otras razas es algo más problemático, pese a  ​sus firmes valores abolicionistas. ​Como señaló el biólogo evolucionario Douglas Allchin durante el cumpleaños 200 de Darwin, él asumía que las personas indígenas que encontró en sus viajes ​eran biológicamente más cercanos a los simios que los europeos caucásicos.

Es sorpresivo que Darwin, quien era muy avanzando socialmente para la época, hubiese tropezado con esta trampa tan básica sobre el privilegio racial
Hay algo de ironía en esto, considerando que son los europeos quienes  ​andan por la vida con el ADN de Neandertal estampado en sus dobles hélices, por lo que se podría argumentar que ellos están más cerca de los primates “inferiores” si es que utilizamos el mismo pensamiento. También es sorpresivo que Darwin, quien era muy avanzando socialmente para la época, hubiese tropezado con esta trampa tan básica sobre el privilegio racial (aunque es importante tener en cuenta que nunca argumentó que un grupo étnico tuviera derecho innato a dominar a otro, ​como las personas falsamente afirman).

Como señala Allchin, no es un caso de relativismo histórico, porque no todos los contemporáneos de Darwin consideraban cierta la estratificación racial. De hecho su colaborador Alfred Wallace llegó a la conclusión contraria al visitar las tribus de Borneo en 1855. “Mientras más personas incivilizadas veo, más pienso en la naturaleza humana como un todo”  ​escribió, “y las diferencias esenciales entre hombres civilizados y salvajes tienden a desaparecer”.

El pensamiento incompleto de Darwin en este tema era una torpeza mayor que su apoyo a la pangénesis, y no hay nada muy brillante sobre eso tampoco.

Como todo ser humano, Darwin también cometió pequeños errores en su investigación, muchos de los cuales son bastante arbitrarios. Por ejemplo, equivocó ​ la linea evolucionaría de las gallinas al confundir sus antepasados con las aves rojas de la selva en vez de la grises. Pequeños errores como este son exagerados ​por los grupos de creacionistas que se oponen a la evolución, lo que demuestra la pequeñez de los argumentos que tienen contra él.

Los errores de los grandes e influyentes pensadores los define tanto como sus triunfos y Darwin no es la excepción. Pero sus revisiones cuidadosas y su modestia demuestran que son muy pocos los errores que aparecen en sus investigaciones. Ahora, gracias a la Universidad de Cambridge y el Proyecto Manuscrito de Darwin, puedes ver los frutos de ese proceso por ti mismo.

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