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Mirar el etiquetado de todo aquello que metemos en nuestra cesta de la compra es la mejor manera de saber qué estamos comiendo, pero por muy cuidadosos que seamos siempre podemos llevarnos alguna sorpresa.



El pasado diciembre entró en vigor el Reglamento europeo 1169/2011 que marca qué y cómo debe aparecer la información en las etiquetas de los productos envasados. Las etiquetas son ahora más completas y a pesar de notables ausencias como las grasas trans, podemos saber a ciencia cierta lo que estamos comprando. Pero claro, hecha la ley, hecha la trampa. La industria alimentaria está obligada a reservar un espacio de los envases para listar los ingredientes de sus productos, pero no tiene por qué informar de ellos en el resto del paquete. Y es aquí donde tratan de colárnosla una y otra vez.

Como asegura la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), la inmensa mayoría de etiquetas respeta las nuevas normas. No hay ni fraude ni ilegalidad. Pero no es lo mismo saber lo que comes que tragarte sus exageraciones: abundan los ejemplos en los que la verdad es una letra pequeña, mientras que las frases publicitarias fomentan los malentendidos y la confusión del consumidor.

Para denunciar este tipo de prácticas, la OCU ha pedido a los consumidores que fotografíen las etiquetas que consideren engañosas y las cuelguen en Twitter bajo el hashtag #EtiquetasTrampa. Estos son algunos de los mejores ejemplos de cómo la industria nos hace creer que estamos comprando una cosa cuando en realidad estamos comprando otra. Y como apunta la OCU, “no son errores, son horrores”.



Este yogur para beber "sabor fresas" no tiene ni un sólo gramo de fruta. Si miramos bien la etiqueta veremos que sólo contiene aromas y colorantes que simulan su sabor.





Esta barra integral de Mercadona, una cadena de supermercados española, no tiene tanto de integral como parece. Si leemos los ingredientes veremos que está elaborada con harinas refinadas a las que se ha añadido un 7% de salvado de trigo. Eso por no hablar del resto de antioxidantes, antiapelmazantes y emulgentes.









Otro tirón de orejas para Danone. Su "postre lácteo con chocolate sabor avellana" tiene sólo un 2% de chocolate y ni pizca de avellanas.





Un engaño clásico de los productores de fiambre. Muchos de los embutidos con un aspecto similar al de jamón york son en realidad trozos de carne de cerdo con fécula. ¿Cómo distinguirlos? Se oculta en ellos la palabra "jamón" y se utilizan denominaciones como "fiambre de york", "fiambre de sándwich" o, como en este caso, "York Sándwich". 






Estas salchichas "100% de pavo" sólo están compuestas en un 54% de este tipo de carne. ¿Por qué pueden publicitarlas de esa manera? Al indicarse que están hechas de "carne 100% de pavo" se puede interpretar que toda la carne que llevan es de pavo, lo cual es cierto, lo que no se especifica es que el resto de la salchicha se elabora con grasa de pollo.




Otro engaño muy habitual que destaparemos si leemos bien la letra pequeña. Y ahora deberíamos plantearnos ¿cuánto azúcar tienen los cereales de otras marcas? Lo mejor siempre es mirar directamente la información nutricional y los ingredientes, donde es más difícil engañarnos. 






La falsa stevia de los mercados: Hacendado 3'5%, Natreen contiene lactosa y Truvia un 1%  ¿Y la stevia?




Los productos frescos tampoco se libran del etiquetado fraudulento. Esta chuleta gallega es en realidad 100% alemana. 



Casi todo el agua potable viene de las montañas, pero vender agua del grifo con ese reclamo parece cuanto menos tramposo.





Este atún con "contenido reducido en Sal" tiene más sal que el normal.




La guayaba suena exótica y apetecible pero es bastante más cara que la manzana y la uva, así que ponemos una cantidad ridícula, lo anunciamos como tal y a correr. Muy bonito. 



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