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Los ministros de Finanzas de la zona euro dan por rotas las negociaciones con Grecia y emiten un comunicado sin la firma del ministro griego Varufakis. Se niegan a prolongar las condiciones del programa de rescate hasta la fecha del referéndum, como había pedido Tsipras. Se lanzan a criticar a su Gobierno por convocar la consulta y hablan abiertamente de "plan B".




Dieciocho países de los 19 países cuya divisa es el euro se han confabulado rápidamente este sábado para dar los primeros pasos con los que expulsar a Grecia de la moneda común, una acción con consecuencias impredecibles para toda la UE. Tras una reunión del Eurogrupo (ministros de Finanzas de la zona euro), se emitió un comunicado del que no hay precedentes. Fue firmado por todos los ministros, excepto por el griego. Acto seguido, se convocó otra reunión a la que no se invitó al representante del Gobierno de Atenas, Yanis Varufakis.

El comunicado da por rotas las negociaciones con Grecia y asigna toda la responsabilidad al Gobierno de Alexis Tsipras por rechazar la última propuesta de la troika. Además, toma nota de la convocatoria de un referéndum en Grecia. Lo hace señalando que su fecha (5 de julio) es posterior a la expiración del programa de rescate, el martes 30 de abril. Por tanto, los gobiernos europeos rechazan la petición que hizo Tsipras al convocar la consulta de que se ampliara hasta el día 5 las condiciones del programa de rescate. En pocas palabras, Grecia puede celebrar un referéndum, pero desde el martes queda abandonada a su suerte.

El presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, fue más específico que el texto del comunicado. El holandés se permitió recordar a Grecia que “aún tienen que pagar sus deudas” con el FMI (una institución que no es europea) y abroncó a sus dirigentes por “irresponsables”. Restó todo valor al referéndum. Ni siquiera una victoria del sí haría que la troika cambiara de opinión. En ese caso, Dijsselbloem se ha preguntado, "¿con quién trabajaríamos para aplicar el programa?".

Casi a la misma hora que Dijsselbloem, Yanis Varufakis improvisaba una rueda de prensa en el edificio del Consejo de la UE. Varufakis ha guardado la compostura a pesar del nerviosismo palpable en el ambiente. Ha dicho que aún tenía esperanzas de que un acuerdo de última hora tuviera lugar este sábado para evitar el default al FMI (Grecia debe abonar 1.600 millones el martes) y el Grexit, “a pesar de que los acreedores dan signos de querer cerrar la puerta”.

“Un rechazo a un acuerdo dañará seriamente la credibilidad del Eurogrupo como un órgano en el que los estados miembros debaten democráticamente. Y el daño será permanente”, ha avisado.

Además, no ha mencionado la reestructuración de la deuda y ha resaltado que las principales diferencias residen en la “desigual carga” de las medidas y en la inutilidad de aceptar la extensión del rescate (15.500 millones para los próximos cinco meses) para la economía griega. 

El Eurogrupo sólo pensaba en el "plan B"
El desenlace de la reunión del Eurogrupo era previsible tras escuchar lo que tenían que decir los ministros antes al entrar en el edificio: la mayoría de los 19 países dejaba entrever una ruptura total con Grecia. No ya de cualquier acuerdo para desbloquear el dinero del rescate, sino del euro. "Es un día triste para Grecia", apuntó el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, "porque su Gobierno ha cerrado la puerta a futuros acuerdos".

Alex Stubb, ministro de Finanzas finlandés, fue más lejos: "Creo que la adopción de un Plan B se ha convertido en el Plan A ahora". Los demás ministros abundaron en esta idea. De Guindos, que fue de los que más tiempo dedicó a los periodistas, señaló la dificultad de "continuar negociando con esta sorpresa", que el ministro español calificó de "ruptura unilateral". "Es una decisión legítima del Gobierno de Tsipras que puede tener consecuencias", resumió.

Tsipras ha descolocado claramente al sanedrín con el que se sienta a negociar, conocido como Troika y formado por el BCE, FMI y Comisión Europea con el respaldo de los países más potentes de la UE. El comisario de Economía, Pierre Moscovici, compareció sudando y echando las culpas al Gobierno de Syriza.

Según fuentes del Gobierno griego, el rechazo tajante a negociar nada relacionado con la quita a la deuda pública (en 2012 el predecesor de Tsipras, Andonis Samarás, arrancó supuestamente una ambiciosa reestructuración de sus socios y finalmente apenas consiguió nada) y la recepción de partidos opositores por parte de las instituciones terminaron por colmar la paciencia del primer ministro. El referéndum se decidió en la reunión de urgencia que tuvo lugar la noche del viernes entre los miembros del Ejecutivo heleno.










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